Saturday, 30 July 2016

DICTADURA, FORMA O FONDO DE LA DEMOCRACIA


Para los politólogos, en general, para la gran mayoría de politólogos, la Dictadura es una forma de ejercer el poder. En coherencia con el concepto de forma, se trata de los aspectos visibles de practicar el poder. Sin embargo, se suele añadir a esta concepción de la forma del poder elementos estructurales para explicar la fundamentación de dicho punto de vista. Se fijan, principalmente, en la función que cumplen los distintos estamentos del poder. El ejercicio de la justicia, el control sobre los medios de comunicación, la discrecionalidad y arbitrariedad de la actuación de las fuerzas represivas y administrativas (policía, funcionarios del Estado, etc..) De entre las cuales también podemos incluir a maestros, profesores universitarios, gestores y asesores técnicos y otros.

En todo aquello que estructuralmente apoya, justifica o avala el ejercicio del poder desde una sola instancia o institución, normalmente el poder desde la figura del poder ejecutivo.
Este concepto de la forma de ejercer el poder, en realidad, no se sujeta por la lógica de las cosas materiales, sino por la lógica de la funcionalidad. 
Las instituciones que apoyan al régimen dictatorial, no son tan tangibles como ellas creen de sí mismas. 
Este asunto, planteado por Foucault y Bourdieu, proyecta sobre las estructuras materiales de dichas instituciones su naturaleza esencial, material.
Pero las instituciones, se vean como muros y barrotes o como lenguaje o escuelas, no son más que el correo que transmite la noticia, el vehículo que pone en manos de los receptores los significantes que tienen significado para dichos receptores, no en virtud del mensaje, sino en virtud de la relación que tienen ellos mismos con la realidad. 
Así pues, el fondo, entendido así, es decir, como la relación tangible de los receptores con el mundo real, el mundo con el que actuamos e ínter actuamos para dar continuidad a nuestro ser material con necesidades reales y tangibles. Léase, trabajar, comprar, pagar facturas, multas, educación, salud, descanso, etc...
 Una vez toma contacto con las instituciones que están autorizadas para dar golpes, encarcelamientos, des acreditaciones, insultos, sentencias,  manipulaciones, trabas administrativas, etc.., en definitiva, las que tienen el monopolio de la violencia, reaccionarán de diferentes formas según sea esa relación fundamental, existencial y vivencial con el mundo. 
Cuando una persona tiene un margen estrecho de dinero para pagar sus gastos y la de los suyos, o depende del trabajo de un hijo en paro, cuando no tiene la oportunidad de, ni tan siquiera ganar algo de dinero para organizar su vida, se puede decir que tiene una relación fundamentalmente problemática con el mundo y vivencialmente o existencialmente angustiosa.
De ahí que la teoría de la lucha de clases tenga sentido. Porque explica que para unas clases, obedecer no significa una alteración significativa de dicha relación fundamental y para otros, si supone una alteración significativa de la misma.
La relación de las personas que tienen una relación de sometimiento o sufren la dominación de unas  condiciones de producción (no se valora su capacidad de producir, no encuentran trabajo) y por extensión de consumo (no pueden comprar o alquilar con seguridad una vivienda ni tener pareja o hijos que mantener en esas condiciones), por tanto de existencia, no son igualmente dóciles.  No en virtud de su paciencia con el funcionario que le envía una multa, o le amenaza con una porra, sino en virtud del estado de precariedad y riesgo que introduce dicha multa o desalojo en su escaso margen de maniobra de supervivencia. Introduzca el lector aquí, enfermedades, residencia, escuela, etc..
Este punto de vista tiene consecuencias para explicar lo que iniciamos sobre la Dictadura.
Para unas clases, especialmente para las que no sienten que les afecta significativamente su relación con el mundo (entorno social, cultural, económico, etc..) la Dictadura es una forma abominable, y prefiere la Democracia como forma siempre que no cambie el fondo es decir, el orden que el modo de producción capitalista, el modo que se caracteriza por la propiedad de los medios de producción y la expropiación del trabajo a la formación de la riqueza. Pero para las clases que si se ven gravemente afectadas es la realidad tangible, viven una Dictadura real y ven a la Democracia una ficción que no va con ellos, que carece de valor real.
Cuando hablamos del cambio del sistema de partidos como la  cuestión esencial a tener en cuenta a la hora de plantar cara en la lucha política, se puede apreciar el espejismo que esconde la defensa de la Democracia, porque para la mayoría social, la mayoría que depende de un salario para la obtención de sus recursos de subsistencia (inclúyase el descanso, la educación, la salud, etc..) esa cuestión de la pulcritud de la Democracia no la ven con claridad. En realidad si ven como se ejerce sobre ellos la arbitrariedad de una Dictadura y aunque no sepan como llamarlo, cada vez que les suben la luz o la gasolina, el IVA o las condiciones de los préstamos o no encuentran trabajo o cuando lo que encuentran es un trabajo esclavo regalando horas por nada,  tienen una percepción tangible del poder arbitrario del Estado de su relación social como dependientes de los dueños del capital, aunque hayan trabajado toda su vida, sus padres y abuelos, para crear dicho capital.
Por tanto, creo que se puede afirmar que la teoría de la lucha de clases bajo el punto de vista del marxismo, explica mejor que cualquier otra teoría social, que...
La Democracia de las clases dominantes es forma de gobierno lo que a las clases dominadas es, en el fondo una Dictadura. Y lo que a las clases dominadas es Democracia en el fondo  se ve como una forma de Dictadura en las clases dominantes.
El principal problema de los partidos comunistas cuando no usan el marxismo para analizar la realidad social, es precisamente confundir la forma de ejercer el poder con el fondo, igual que hace la ideología de las clases dominantes. Terminan por confundir el mensajero con el mensaje. El significante con el significado. La revolución con la Dictadura política y la Democracia económica con la Democracia política. Resultando así un perfecto socialdemócrata liberal.

Saturday, 2 July 2016

Identidad y voto: táctica y estrategia

Hay dos períodos, en la historia reciente de España, a tener en cuenta cuando hablamos de marxismo en términos políticos, es decir, en término de acción política. Uno corresponde con el proceso de asimilación de la izquierda bajo el sistema bipartidista y otro que se corresponde con la ruptura de dicho sistema tras la irrupción de nuevos partidos que dividen el voto de dichos partidos.

Yo creo que todos hemos visto como el PCE se suicidó el día que renunció a revisar sus errores cuando, formando IU, y tras abandonar el leninismo, alentó una especie de Frente Común de fuerzas políticas pro marxistas, el cuál se enfrentaba al recientemente abandono del marxismo por parte del PSOE.

Los errores le habían dejado fuera del sistema electoral, precisamente porque la constitución aprobada por los eurocomunistas sacralizaron el sistema de circunscripciones y la ley D`Hont para favorecer a la fuerza política más votada y generar una distancia progresiva respecto de la segunda, tercera, etc.

Los errores que no se afrontaron tenían mucho que ver con el inminente desplome del bloque soviético, del cual solo se había desmarcado mediante el ingenuo artilugio del eurocomunismo, en un intento de desmarcarse de la geoestrategia de la guerra fría. 

Una vez más, se realizó un movimiento cosmético en vez de afrontar críticamente las causas de la caída del bloque soviético. No usar el marxismo, que enseña que la realidad económica es la base desde donde interpretar sus reflejos en la política, fue, de facto, una de las renuncias al marxismo real dentro del PCE. 

Tras el intento de sostener un marxismo-leninismo de palabra y una renuncia a la crítica profunda de los errores del comunismo en el bloque soviético, IU se convierte en la voz política del PCE. Una vez más, el juego de la hegemonía sustituyó al análisis profundo de la organización, provocando, tras una oportunista operación cosmética, de marketing electoral, el ocultamiento del discurso político comunista, para favorecer una organización acomodaticia a otras organizaciones proporcionalmente menores y por tanto con menos opciones de hegemonía. Una especie de voluntad unificadora tras el ambigüo término de la izquierda, que ni identifica una ideología específica, pero que ubica siempre parcialmente en el panorama de la política. Las posibilidades de avanzar hacia una posibilidad de gobierno se consolidó, elección tras elección, como imposibles. Siendo, cada embate electoral una excusa para reformular el mismo invento. Una vez más no se atiende a los resultados, solo se atiende a lo superficial. Si siempre se hace lo mismo, no se puede obtener distintos resultados.

Un sector de IU, descontento con el estatus otorgado dentro de una IU anquilosada en el fracaso y la marginalidad, se acopla al movimiento 15M. Casi todos los analistas vieron con desconfianza dicho movimiento, sin ideología, sin un sector específico de clase. Casi todos los que analizaban la economía del país solo vieron movimientos desorganizados de protesta, sin repercusión en la política. 

Lo cierto, es que la protesta reclamaba acción política y los sectores de IU que participaron en dicho movimiento comprendieron que debían avanzar en organizar una fuerza política que representara a los sectores afectados por la crisis económica y sobre todo política. ("No nos representan")
Hacía bastante tiempo que el marxismo había abandonado al PCE, a IU y, por supuesto a Podemos.
Hacía bastante tiempo que la lucha de clases se había convertido en una parte del negocio de la mediación sindical. Hacía mucho tiempo que la corrupción se había instalado en la política.
Algunos sectores de la vieja izquierda del PCE se habían anclado en el PSOE, el mismo PSOE que había abandonado el marxismo y se había instalado en las mismas políticas que el PP. Otros, ahora veían la oportunidad de actuar y se suman a Podemos. 

Finalmente, Podemos suma los descontentos, los que han renunciado al marxismo, los que que no tienen ni idea de marxismo y los que prefieren pensar con otras versiones del idealismo político (Derechos Humanos) con el único y cada vez más creciente, fundamento del descontento social.
Yo creo, que hemos vuelto al punto donde se distingue dos corrientes fundamentales.
De un lado, los que piensan que el capitalismo se puede reconstruir. Solo hay que sufrir un poco, sacrificar a unos cuantos de pobres e indefensos. Pero confían que se recuperará la economía y mejorará a medio plazo. Introduzca aquí a quien le plazca. Yo pondré a los programas políticos conservadores de la austeridad.

También están los que piensan que hay que reaccionar ante el injusto reparto del sacrificio. Habrá que hacer sacrificios pero aplicando justicia social, será más llevadero. Tarde o temprano volverá a recuperarse el sistema y se habrán salvado "los muebles", los derechos, los servicios públicos, etc.. Yo pongo aquí a los socialdemócratas. Viejos y nuevos.

Pero también hay otro sector que es consciente de que el sistema capitalista tiene los días contados y que es mejor esperar a verlo caer, se acantona en una postura contemplativa, no renuncia a sus principios, se siente segura, imperturbable. Ya vendrán a decirnos que les dirijamos... 

Aunque el sistema capitalista se hundiera, aunque España se convirtiera en una Turkía o México.
Aunque el sistema capitalista flotara en petróleo derramado y en atmósferas flatulentas.

Nada hará cambiar la realidad si no tomamos partido. Porque la historia nos ha enseñado que cuando los imperios han luchado entre sí, las vanguardias de la revolución surgieron de entre los que obedecieron a los generales zaristas hasta que otro poder organizado, paralelo, creó el sistema de mando para dirigir las bayonetas en otra dirección.

Y algo podría decirse del imperio romano y los godos. No fueron las hordas del norte, sino los bárbaros romanizados los que cruzaron el Rhin. 

Nunca sabe uno dónde está el lugar adecuado, pero siempre sabe dónde están los suyos.

Creo que todos debemos reflexionar sobre como abandonar el tacticismo, la cosmética política y la pulcritud ideológica para empezar a profundizar en lo que de verdad nos jugamos y hacia dónde vamos.