Friday, 11 November 2011

Adolescentes y problemas psicológicos



Conocí a un profesor que desarrolló fobia a los adolescentes. No soportaba ni tan siquiera cruzarse con ellos por la calle. Estuvo 6 meses de baja y tuvo que medicarse. 

También he conocido el caso de una chica con problemas adultos. Con tan sólo 14 años, compartía con su madre el consumo de cocaína y dado que la escolarización es obligatoria en España, dentro del aula no creaba más que problemas, además de no hacer nada.
 
También he conocido casos de problemas alimenticios, bulimia y anorexia, hasta el simple caso de chavales muy inteligentes que preferían no responder a las preguntas del profesor para llamar la atención de las chicas. A las chicas les gustan los “malotes”. 

Los profesores suelen compartir con los alumnos todas esas experiencias y resulta llamativo observarlos cuando se reúnen con cualquier motivo, cena o sala de profesores. Siempre están hablando de los alumnos y de su relación con ellos. Resulta un espectáculo de catarsis. Se detecta una demanda clara de terapia o catarsis colectiva. 

Los países donde se exige a los adolescentes comportamientos de adulto temprano, trabajo, hijos, ir a la guerra, son países donde el profesor no tiene que demostrar autoridad porque dicha autoridad le viene impuesta en sus relaciones sociales. 

Por otra parte, resulta complicado para los estudios de Sociología de la Educación definir qué es ser adolescente: de 12-16; de 14-19; de 15-20. Un verdadero galimatías. 

Desgraciadamente, las instituciones estatales en su afán de garantizar la igualdad de derechos no suelen contemplar la desigualdad social, salvo en el caso de las adaptaciones curriculares, pero no en los planes de estudio ni en los objetivos. A medida que las desigualdades sociales aumentan la relación profesor-alumno se presenta más rígida como consecuencia de la falta de flexibilidad del sistema. 

Yo creo que partimos de un error de comprensión respecto de lo que es un adolescente. Lo vemos como una especie de “feto” educativo. Cuando en realidad estamos ante un adulto en crisis. 

En este sentido entiendo yo el problema del suicidio del profesor. Creo que los adolescentes no son candidatos al suicidio por una especie de vacío existencial, sino que cualquier persona con problemas sean externos o internos, de sus relaciones sociales y humanas o mentales o psicológicos, puede ser candidato al suicidio. 

Por eso creo que debemos respeto hacia esos adultos que sin trabajo, sin una relación sexual o emocional estable, soportando la autoridad de todo el mundo, menospreciados por su edad o por su físico, sin habilidades con las que gestionar su autonomía, sufren el largo proceso de encontrar un lugar en la seno de la sociedad, tratados como ignorantes, caprichosos o insurrectos, y que nosotros solemos llamar adolescentes. 

Ello me lleva a dos conclusiones. Una, que los profesores necesitan terapia para higienizar su mente de cara a mantener una relación de soporte y guía para los adolescentes. Dos, que la tarea docente no sólo es gestionar la adolescencia, sino también gestionar sus condiciones reales de existencia. 


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