Thursday, 10 November 2011

Puntualizaciones.


Un repaso de la obra de Michel Foucault, "Vigilar y Castigar", puede darnos una idea de la importancia que se le ha dado a los valores sígnicos. En su obra, donde analiza muy pormenorizadamente los distintos métodos de tortura y castigo, que a lo largo de la historia ha reflejado el auténtico significado de las instituciones, consigue enfrentarnos a lo profundamente material que son los signos de conceptos como "legalidad", "Estado", "Autoridad".


Estos signos no son expresiones lingüísticas, sino piedras, estructuras con formas definidas e intencionalmente construidas para marcar sobre los cuerpos de los sujetos el estigma, la huella imborrable del delito que les acusa.



Lo mismo ocurre cuando analiza los manicomios, puesto que pone en entredicho los conceptos de "normal", "salud", "bienestar". Allí, encerrados, bajo normas de control, dentro de pasillos llenos de rejas, donde la voluntad del enfermo es anulada y donde los vigilantes, con la escusa de protegerles les golpean, bañan con agua fría o someten a shocks eléctricos u operaciones traumáticas.

En todos esos trabajos, Foucault viene a decirnos que los signos del poder, del sistema de salud, en definitiva, del orden establecido, radica en el uso de sus signos, su producción, mantenimiento.

Nos presenta la materialidad de los signos. Y es en virtud de dicha materialidad como hemos de entender su papel en cuanto valor. De este modo, Foucault no se retrotrae a la relación social de la producción material de mercancías, como si se tratara de una génesis de toda la producción en general. Si así fuera, estaría utilizando la dicotomía entre realidad y representación. Es decir, habría escogido el camino del materialismo dialéctico, ya que éste contempla que la producción material se basa en un modo de relación social que determina sustantivamente la producción de cualquier objeto en la sociedad capitalista.


Este modo de producción tiene su representación en las ideas, los valores y las creencias que dominan en la sociedad. Foucault no toma este camino porque la relación dialéctica entre la producción de los objetos materiales, las mercancías y la producción de las ideas o inmateriales supondría una concesión al idealismo. Una especie de falta de coherencia.


Foucault tomará el camino de mostrarnos que las palabras son sujetos de la acción. Del mismo modo que los muros de la cárcel lo son de la represión o los tratamientos en los manicomios son sujetos de acción de la moral o la normalidad. Foucault nos presenta a su Freud particular.

Foucault se convierte en militante de la intelectualidad ya que el productor de ideas es, en realidad, el productor de los signos. Y los signos tienen realidad material, por tanto el creador de las ideas es el que las articula, el que construye sus estructuras lógicas, el mismo que mediante la arquitectura o la medicina le da contenido real a los valores sígnicos del Estado, la Salud, la Locura, la Razón, etc..


No son los productores de esas horripilantes murallas de la opresión, los albañiles, los carpinteros, los cerrajeros, los llamados a liberar el mundo de su opresión. Son los intelectuales, los hacedores de la palabra, los fabricantes de las ideas. Si cambiamos los signos cambiamos el modo en que dichas estructuras actúan sobre los sujetos.


Lamento haber dilatado el momento de entrar a contestar a D. Antonio Caro respecto de las puntualizaciones que ha hecho a mi comentario anterior.


Parece ser que mi contertulio ha acuñado el término de Semiocapitalismo. Espero que haya tenido en cuenta la importancia que, hoy en día, tiene saber proteger un término o concepto acuñado adecuadamente. He supuesto que sus trabajos y publicaciones hayan sido suficientes para que no venga ningún otro autor, de lengua inglesa o de gran distribución y le pueda pisar el copyright de dicho término. El mundo de los intelectuales es muy competitivo y vivimos en un mundo en constantes cambios, pudiendo ocurrir que la globalización haga, del uso de ciertos términos, algo tan usado que pierda la referencia del autor.


En cuanto a… "…el actual capitalismo ejerce la citada sustitución de la producción material por la producción semiótica ya que es en la medida que el SIGNO producido –tal como éste se expresa a través de su marca– se simula como PRODUCTO como dicho capitalismo consigue que lo que es estrictamente producción por la producción se aparente como producción destinada a satisfacer las necesidades de sus destinatarios."

Dos cosas. Una; las necesidades de los consumidores pueden ser muchas o pocas, muy exigentes o poco exigentes, pueden ser divertidas, provocativas, superfluas, profundas. Pueden ser limitadas o infinitas. Cualquiera de ellas se satisface cuando el consumidor va a un establecimiento, deposita una determinada cantidad de dinero y recibe el producto cuya marca respalda. Hasta aquí todo correcto, la marca anuncia los múltiples placeres que nuestro recién adquirido producto nos va a deleitar.


Ahora, vamos a otro establecimiento, solicitamos otra espléndida mercancía cuyas bondades conocemos por las sugerentes imágenes de la publicidad. Entregamos una determinada cantidad de dinero y nos dan una etiqueta de la marca de dicho producto. No nos lo creemos, ¿hay alguna cámara oculta?, ¿nos están gastando una broma?, ¿montamos en cólera?.

Toda venta tiene como finalidad la satisfacción del cliente, si me venden humo y me dicen que es un sueño me enfado.

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