Friday, 11 November 2011

Re: A propósito de adolescentes


Es cierto, que los adolescentes son individuos que experimentan cambios, físicos, sociales y conductuales. Ello nos lleva a considerarlos como seres humanos con ciertos hándicaps o retos a superar en sus vidas.

La psicología freudiana nos aporta esa explicación que nos permite comprender que la pulsión vital, el deseo de vivir, las ganas de vivir o lo que nos hace sentirnos vivos, evoluciona con la evolución fisiológica del individuo y sobre todo por su evolución mental. Ambos procesos de cambio modifican progresivamente la percepción de sí mismos y la percepción de los otros. A su vez,la comprensión o asimilación de los cambios se da de manera conflictual porque los jóvenes deben asumir que su nicho familiar, sus relaciones habituales y cercanas van a expandirse, transfiriendo los roles de padres, tutores o adultos, a los profesores. Surgen problemas con la definición de la nueva situación, es decir, con la articulación racional de la nueva situación. Surgen problemas con los modos de relación afectivo-sexual, dados los cambios hormonales, las vellosidades, los cambios de voz, los olores, las primeras manifestaciones externas de sexualidad, el problema de la definición sexual. 
Hasta aquí, lo que es, lo dado, el adolescente. 

Creo que a partir de aquí surge una confusión con lo que debe ser. Ese deber ser que no proviene de la descripción de los cambios y sus circunstancias sino de ciertos supuestos escénicos que se fuerzan para dar coherencia a un discurso normativo y prescriptivo, casi clínico. 

La relación entre adolescentes y profesores es una relación entre dos individuos limitados y condicionados en sí mismos, por motivos y razones diferentes. El papel de profesor como depositario de la transferencia de sentido de la relación padres-hijos (en general) supone varios escenarios hipotéticos. Por ejemplo, que la relación entre padres-hijos es una relación existente, una relación entre un protector y un protegido. O que dicha relación es la que existe entre un amado y un amante. O que la relación procede de una protección a dos bandas, madre-padre-hijo. O que dicha relación supone una transferencia de devoción.

Creo que la relación padres-hijos es muy compleja y, como se suele decir, los niños no vienen con manual de instrucciones. Podemos contemplar como situaciones de hecho, sus lazos de dependencia, los del niño, pero no podemos suponer ni la maternidad ni la paternidad bajo un esquema preconcebido. 

Aquí deberíamos apoyarnos en la realidad familiar y no meramente en un supuesto de modelo familiar.

Cuando comenzamos un trabajo, cuando vivimos en entornos cerrados, cárceles, hospitales, manicomios o instituciones educativas, los modos de relación se entrecruzan siguiendo el mismo patrón de desarrollo que el que usa los adolescentes. Buscamos protección y afinidad, aliados y un uso conveniente de las normas. Buscamos espacios de intimidad y espacios de comunicación.

Por otra parte, al profesor, adulto, se le supone madurez en la personalidad, cierto sosiego de ánimo y una capacidad intelectual basada en sus conocimientos y habilidades comunicativas. Sin embargo, son personas que deben gestionar, resolver y canalizar todas las situaciones que la relación con el 
adolescente puede engendrar. La realidad no está hecha de suposiciones sino de hechos. Con ello quiero decir que constituye un hecho no una generalidad, que los profesores deben lidiar con la realidad de las aulas, que ello es más complejo que los supuestos de partida y que las necesidades surgen de la práctica docente y no de cierta predestinación inmersa en el subconsciente del ser.

La teoría psicológica del psicoanálisis nos permite entender algunas cosas importantes para un profesor. Permite comprender por qué se da cierto enamoramiento entre alumnos/as y profesores/as. 
Permite comprender que los adolescentes se sientan apoyados cuando un profesor se implica con sus problemas. Permite comprender por qué son exhibicionistas, gritones, torpes en movimientos. Permite comprender la huella que dejamos en ellos.
Permite comprender el papel de apoyo de los padres o tutores en la educación de los adolescentes.

Sin embargo, no permite tener una comprensión clara del papel que juega el profesor como introductor en un mundo de desigualdades, no permite comprender adecuadamente que las relaciones sociales se desarrollan en un entorno social específico, competitividad, egoísmo… 
Freud, el padre de la psicología social, nos transmitió que todos los seres humanos estamos condicionados por nuestros vínculos más básicos, el eros y el tánatos, que todos vivimos bajo un mundo auto limitado, tras el que vive adormilado un dragón. Nuestro encuentro con el otro, supone aceptar el desdoblamiento de uno mismo y que desde ese mismo instante buscamos en los demás partes de nosotros mismos. Como si el desdoblamiento celular primigenio nos dejara una huella genética para sustentar la conexión trascendente con el ser humano. Nos explicó que todos somos y evolucionamos en común.

Finalmente y para no cansaros con mis explicaciones. Creo que el reto de educar a los adolescentes forma parte del reto de revivir nuestra propia adolescencia y el camino que nos llevó a superarla.

 Que para muchos profesores supone un enfrentamiento con su propia experiencia y que, en general, todos quieren que se doten, los adolescentes, de la madurez necesaria para ganar su autonomía como adultos. 

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