Friday, 11 November 2011

Una reflexión sobre la adolescencia




Estimados amigos y colegas:

He leído todas vuestras aportaciones y quisiera compartir una reflexión con vosotros.

Los adolescentes, y todos hemos sido adolescentes, es un período de transición en nuestras vidas.

Vistas nuestras vidas en conjunto, es decir, la vida de cada uno desde la infancia a la madurez o vejez, es un largo proceso de aprendizaje natural. Teniendo en cuenta que el aprendizaje tiene dos vertientes. El aprendizaje individual, espontáneo; aprendemos cosas de nosotros mismos desde nuestro contacto con el entorno y aprendizaje cultural; aprendemos de los otros, en virtud de nuestro modo de convivencia y relación social. 

En la etapa adolescente, los jóvenes tienen muchos anhelos por ocupar su lugar en el mundo de los adultos, así que exigen respeto, como los adultos. Exigen protagonismo, como los adultos y exigen autonomía de decisión, como los adultos. Sin embargo carecen de medios para llegar a las últimas consecuencias. Es decir, no tienen la capacidad de hacerse respetar. No pueden ser protagonistas de sus vidas, porque mantienen todavía muchos lazos afectivos, económicos y decisorios (desconocimiento de cómo funcionan las cosas del mundo, por ejemplo). Tampoco pueden ejercer la autonomía, porque no tienen capacidad económica, ni capacidad emocional para encajar los aconteceres de la vida.

Todo ello nos lleva a que el adolescente no es rebelde por ser adolescente, sino porque quiere dejar de serlo, quiere dejar de ser un niño/a para ser considerado adulto. En su relación con el adulto tiene que ser competitivo, es decir, ponerse a la altura del adulto, cuestionarle, criticarle, juzgarle.

En sus relaciones académicas, los adultos profesores son doblemente referentes del mundo social. 
Por un lado, son adultos, físicamente, emocionalmente y profesionalmente adultos. Por otro lado, son la humanización de la autoridad, de las relaciones jerárquicas y del apoyo cultural o técnico-científico.

Cuando la síntesis de ambos modos de ser del adulto se unen, es lógico que el conflicto surja. Es más, debe surgir. La construcción de un lenguaje capaz de compaginar la serenidad del razonamiento adulto con el afán protagonista del lenguaje adolescente es una de las principales labores docentes.

Ser capaz de integrar en la fórmula académica que se utilice el ímpetu adolescente, canalizándolo hacia una labor constructiva que pueda utilizar el adolescente mismo para construir su propio significado en la sociedad que le rodea. 

Gracias a todos por vuestras aportaciones, me son de gran ayuda. 
Un saludo 



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