Thursday, 10 November 2011

Valor/sígnico versus valor/trabajo


En toda investigación que aborda el objeto social, sea este semiótico y/o comunicativo, tiene que seguir unos pasos metodológicos específicos.

Cada investigador suele tomar un corpus teórico de referencia que le permite encuadrar la significación de los datos.

La principal tarea de un investigador, antes de realizar la toma de datos o el análisis de los mismos es la de definir variables. Esas variables se corresponden con las hipótesis de trabajo y por tanto, con el corpus teórico que se maneje. Lo que digo es muy general y suele encontrarse en múltiples manuales de metodología aplicada a las ciencias sociales.

El aspecto que me interesa señalar es la importancia que tiene la acotación teórica de las variables. Es ahí donde resulta tan importante el debate teórico.
Así que creo que antes de atrincherarnos en un determinado cuerpo teórico debemos trabajar su pertinencia y significación. Eso es una exigencia para el debate.

Los planteamientos sistémico-funcionalistas que parten de la realidad observada para luego escoger las variables más significativas, sin una justificación teórica de las mismas, pecan de construir análisis que sólo pueden explicar los supuestos iniciales. Por tanto, sea el tipo de análisis que se haga, funcionalista-no funcionalista, hermenéutico o cualquier otro, tengamos claro que la explicación de nuestros análisis depende principalmente, no de la cifra que arroja la medición de los datos, sino de los presupuestos teóricos que definen y justifican las categorías con las que nos proponemos analizar el objeto.

Dicho esto, a modo de introducción, paso a reflexionar, en voz alta algunos aspectos expresados por Antonio Caro. Me refiero a.. "Pero lo que yo cuestiono es que estos valores sean válidos para un capitalismo como el actual, en el que el valor-signo del producto (expresado a través de su marca) reemplaza al valor de uso y en el que el "valor de consumo" del signo/mercancía así obtenido reemplaza al valor (trabajo) como criterio de valorización (mientras que la materia del producto, expresada en su utilidad, pasa a ser materia prima de ese trabajo de significación)."

Hoy día sabemos que los productos en su proceso de fabricación tienen fecha de caducidad, su capacidad para satisfacer las necesidades para las que se construyeron está programada en los materiales, los componentes y sus ensamblajes.

La intencionalidad de dicha programación obedece, fundamentalmente, a que el consumidor tenga que deshacerse de dicho objeto y adquirir otro nuevo, sea porque la reparación es tan costosa como el nuevo o porque sus componentes quedan desfasados o su tecnología no los admita.
En cualquier caso, parece un claro ejemplo de cómo la importancia de vender una determinada marca obliga a producir en unas determinadas condiciones de calidad, debilitando, en este caso, la optimización del trabajo. En ese sentido casi podríamos decir que el valor sígnico del producto determina la naturaleza del producto, siendo sus necesidades las que se imponen sobre el valor de uso de la mercancía. Se fabrica para la supervivencia estratégica de la marca, aunque la capacidad de satisfacer necesidades humanas pase a un segundo plano.

Desgraciadamente, algunos contertulios venimos diciendo que el capitalista no tiene como principal objetivo la satisfacción de las necesidades humanas, sino las de la de procurarse mayor nivel de beneficio a través de sus márgenes comerciales. Estos beneficios pueden proceder de diferentes estrategias, la reducción de los salarios, la adquisición de materiales a costes bajos, la reducción de la competencia, la reducción de los costes financieros, entre otras posibles.

El conjunto de estrategias, o que puedan subir la demanda o rebajar la oferta, son empleadas desde hace mucho tiempo. Lo que se nos presenta como novedad es este momento en el que la lucha por hacerse con una mayor cuota de mercado y aumentar sus tasas de ganancia ha llevado a redefinir la categoría de valor por la categoría de valor/sígnico.

Debemos tener en cuenta que para programar la durabilidad de un producto se necesita a un programador o alguien con conocimientos especializados que pueda controlar el proceso de calidad de un producto. Por tanto, la transformación o control de durabilidad es producto del trabajo.

También debemos tener en cuenta que si sustituimos la categoría de valor eliminamos la aportación del trabajo como instrumento de transformación de las propiedades de las materias primas. Por tanto, llegaríamos a una paradoja que no a una contradicción. Hablaríamos de eliminar la función trabajador como categoría principal y sin embargo no podríamos realizar el valor/sígnico sin trabajador que la introduzca.

Las categorías sirven para definir lo que analizamos, para saber qué buscamos y cómo explicarlo, no podemos llegar a afirmar que la categoría de valor/sígnico explica mejor que la categoría valor/trabajo respecto de la creación de valor porque simplemente no se puede realizar. Salvo en la mente y de forma abstracta o, de otra manera, asumiendo que las necesidades de obtener márgenes comerciales mayores y por tanto basar el valor en el precio, justifica sobradamente hablar del valor/sígnico de la producción capitalista.

El precio, al fin y al cabo, no es necesariamente la expresión del valor, salvo para el comerciante que cuando vende manzanas las valora por el precio al que las puede vender y no por sus cualidades vitamínicas, refrescantes o intrínsecas.

Por ese motivo yo sostengo que el valor/sígnico sólo está justificado por las cifras obtenidas en las ventas. Que un producto bien publicitado puede perder cuota de mercado como consecuencia de su mala calidad o simplemente porque ha perdido financiación o cualquier otra circunstancia.

Que teniendo en cuenta otras perspectivas del valor sígnico, como por ejemplo que un producto sea visto por el público como de mala calidad sólo por el hecho de venir de un determinado país que tiene mala imagen, constituye un hecho relevante en el plano comercial, pero que este hecho es temporal, a menos que efectivamente dichos productos sean de mala calidad. Por tanto, la producción en el sentido de uso de fuerza de trabajo (habilidades y competencias) sigue siendo el principal factor explicativo de las relaciones sociales, siendo los otros, contextuales y circunstanciales.

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