Saturday, 4 January 2014

LA CARCOMA DE LA NACIÓN




Muchos son los que ven, en el estado actual de la nación española, un grave problema de unidad y un inminente peligro a la integridad territorial del Estado.
Esto nos debe hacer reflexionar.
Me apresuro a delimitar tres o cuatro ideas claves para una aproximación.
En primer lugar, debemos observar qué es, hoy en día, la unidad de España. También debemos profundizar sobre qué significado tiene, respecto de aquella, la integridad territorial. En tercer lugar, debemos ver la política o las políticas que se están poniendo en práctica. Y, en cuarto lugar, debemos observar su dinámica, es decir, qué valor representa cada uno de esos elementos, es decir, qué significado tiene en sus diferentes niveles de relevancia.
Nuestro fin es, por tanto, comprender cuál es el significado de los acontecimientos políticos que rodean al problema de la unidad de la nación española.
Podríamos decir que observamos cómo están ínter conectados dos fenómenos destacados y coincidentes en el tiempo.
Uno es la crisis económica. Internacional. Y otra es la capacidad de gestionar las políticas públicas con las instituciones políticas actuales, tanto en su poder de decisión sobre la crisis económica como por el alcance de sus decisiones sobre el territorio de su autoridad.
Ambos fenómenos marchan, en la actualidad, claramente de la mano. Sobre todo si tratamos de conocer las condiciones externas de la unidad de la nación.
La "carcoma" es, o podríamos decir, el grado de control que tiene las políticas públicas sobre la marcha y evolución de la crisis económica.
Cuando observamos ambos fenómenos, no debemos dejar a un lado la relación que guardan. Mirando de fuera a dentro, vemos que las políticas públicas aplicadas a la gestión de la crisis tienen una relación con la creciente definición del nacionalismo y el independentismo.
El enemigo más importante de la unidad de la nación está dentro. Pero no dentro de la sociedad, de sus ciudadanos, de sus empresas o sus trabajos, sino dentro de la forma de gestionar la unidad.
El modo de gestionar la unidad de la nación española es cuanto menos errático. Uno de sus males procede de su ideologización. La unidad por encima de todo, la unidad sagrada, la unidad de las tradiciones, la unidad de nuestros valores, nuestra integridad física como nación. Y otras proclamas de esta hechura, son propias de una arenga filo fascista, impropia de quienes buscan la unidad.
Quienes proclaman su fe, su pasión y su corazón en la patria, ofenden a la razón y a los sentidos, pues no ven ni entienden el mal que aqueja a la unidad. Como sobre un poste podrido, se elevan sobre los ciudadanos sin comprender que se sostienen sobre una base carente de fortaleza.
La "carcoma" que se ceba en la unidad tiene hoy un leguaje patriótico. Mientras se ha desarmado a las instituciones políticas del poder de regular a las instituciones económicas, tarea que se viene haciendo desde los años 80, de la mano de las políticas conservadoras. Concediéndoles así, el poder para especular, para fingir una economía, para hacer dumping social, para des capitalizar a los Estados, para inducir al enriquecimiento ficticio del capital financiero en detrimento del capital productivo. Mientras se hacían y hacen políticas que desarman a los Estados, se llenan la boca de guerras ridículas (Malvinas, Perejil, el Peñón)
Hoy vemos que crece el sentimiento de independencia y muchos piensan que esa es la señal de la crisis de la unidad.
Se olvida, con facilidad, que fue un grito de independencia lo que llevó a esta nación a luchar contra las tropas napoleónicas.
La independencia es un grito de afirmación nacional que unifica la voluntad para lograr la fortaleza que necesita el cuerpo social.
Hoy no estamos ante un enemigo exterior, no estamos ante un enemigo nacional, ante un enemigo que nos amenaza armado.
Hoy estamos ante un enemigo que se alimenta de nuestra debilidad. Y nuestra debilidad está en la "carcoma". La carcoma del egoísmo de las multinacionales, de los poderes financieros internacionales, del sistema vendido al capital. De nuestras políticas faltas de solidaridad, ávidas de explotación.
La unidad de España ha sido minada por el capitalismo salvaje y patriotero que no tuvo ningún remilgo en entregar nuestra economía productiva a fondos inversores ávidos de beneficios seguros, que se alimentaban del rápido crecimiento de otras naciones. Que hoy enaltece la unidad de la patria, cuando ha llevado a la patria a este estado de liquidación.
Como se trata a una empresa productiva cuando cae en manos de los "tiburones" especuladores, comprándola primero, vendiéndola a trozos, después. Así esta nación se ve vendida al capital internacional. ¿Luego nos sorprende que haya quien reclame poner el precio de venta?
Porque eso es lo que representa el independentismo. Un legítimo derecho a poner el precio de venta.
Los que nos han llevado a esta situación son los que favorecen el capital especulador, la miseria y el aumento del riesgo social. Los mismos que nos quieren hacer ver que vivimos en los años de la posguerra.
Los mismos que quieren que nos conformemos, que nos sometamos, que admitamos sus privilegios como de un estado natural.
Para librarnos de la carcoma, para conseguir la unidad, antes debemos librarnos del patrioterismo trasnochado.  Debemos hinchar nuestra mente de un impulso revolucionario que nos haga ver la unidad como un estadio superior del desastre des integrador del capitalismo salvaje en el que vivimos. Si queremos seguir unidos debemos librarnos del lastre de un sistema social y político reaccionario.
Del mismo modo que el absolutismo perdió la unidad de hispanoamérica. Del mismo modo que el absolutismo entregó España al imperio napoleónico. Del mismo modo que la reacción franquista alimentó el parasitismo y el servilismo de nuestra economía. Del mismo modo que el social-liberalismo se encargó de
des regular y des controlar a la economía especulativa.
¿Queremos seguir unidos? Antes debemos acabar con este estado de venta en que vivimos. Porque si alguien quiere venderme, es justo que reclame mi derecho a poner yo el precio. Y eso es lo que está ocurriendo.
Si en algo este país es experto es en auto flagelarse, en auto destruirse. Un espíritu románico de oscuridad interior, de místico sacrificio, de ventanas cerradas y de paz de ultratumba.
Quieres unidad, entonces Renacimiento, luz, amplias ventanas, otros mundos y territorios, ínter culturalidad, libertad de pensamiento, ilustración, goce de vivir.
No quieres libertad. Entonces buscaré en otro lugar o haré de mi lugar otro lugar para ti. Otra opción, otra oportunidad, incluso a sabiendas de que corro el riesgo de equivocarme.


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