Saturday, 2 July 2016

Identidad y voto: táctica y estrategia

Hay dos períodos, en la historia reciente de España, a tener en cuenta cuando hablamos de marxismo en términos políticos, es decir, en término de acción política. Uno corresponde con el proceso de asimilación de la izquierda bajo el sistema bipartidista y otro que se corresponde con la ruptura de dicho sistema tras la irrupción de nuevos partidos que dividen el voto de dichos partidos.

Yo creo que todos hemos visto como el PCE se suicidó el día que renunció a revisar sus errores cuando, formando IU, y tras abandonar el leninismo, alentó una especie de Frente Común de fuerzas políticas pro marxistas, el cuál se enfrentaba al recientemente abandono del marxismo por parte del PSOE.

Los errores le habían dejado fuera del sistema electoral, precisamente porque la constitución aprobada por los eurocomunistas sacralizaron el sistema de circunscripciones y la ley D`Hont para favorecer a la fuerza política más votada y generar una distancia progresiva respecto de la segunda, tercera, etc.

Los errores que no se afrontaron tenían mucho que ver con el inminente desplome del bloque soviético, del cual solo se había desmarcado mediante el ingenuo artilugio del eurocomunismo, en un intento de desmarcarse de la geoestrategia de la guerra fría. 

Una vez más, se realizó un movimiento cosmético en vez de afrontar críticamente las causas de la caída del bloque soviético. No usar el marxismo, que enseña que la realidad económica es la base desde donde interpretar sus reflejos en la política, fue, de facto, una de las renuncias al marxismo real dentro del PCE. 

Tras el intento de sostener un marxismo-leninismo de palabra y una renuncia a la crítica profunda de los errores del comunismo en el bloque soviético, IU se convierte en la voz política del PCE. Una vez más, el juego de la hegemonía sustituyó al análisis profundo de la organización, provocando, tras una oportunista operación cosmética, de marketing electoral, el ocultamiento del discurso político comunista, para favorecer una organización acomodaticia a otras organizaciones proporcionalmente menores y por tanto con menos opciones de hegemonía. Una especie de voluntad unificadora tras el ambigüo término de la izquierda, que ni identifica una ideología específica, pero que ubica siempre parcialmente en el panorama de la política. Las posibilidades de avanzar hacia una posibilidad de gobierno se consolidó, elección tras elección, como imposibles. Siendo, cada embate electoral una excusa para reformular el mismo invento. Una vez más no se atiende a los resultados, solo se atiende a lo superficial. Si siempre se hace lo mismo, no se puede obtener distintos resultados.

Un sector de IU, descontento con el estatus otorgado dentro de una IU anquilosada en el fracaso y la marginalidad, se acopla al movimiento 15M. Casi todos los analistas vieron con desconfianza dicho movimiento, sin ideología, sin un sector específico de clase. Casi todos los que analizaban la economía del país solo vieron movimientos desorganizados de protesta, sin repercusión en la política. 

Lo cierto, es que la protesta reclamaba acción política y los sectores de IU que participaron en dicho movimiento comprendieron que debían avanzar en organizar una fuerza política que representara a los sectores afectados por la crisis económica y sobre todo política. ("No nos representan")
Hacía bastante tiempo que el marxismo había abandonado al PCE, a IU y, por supuesto a Podemos.
Hacía bastante tiempo que la lucha de clases se había convertido en una parte del negocio de la mediación sindical. Hacía mucho tiempo que la corrupción se había instalado en la política.
Algunos sectores de la vieja izquierda del PCE se habían anclado en el PSOE, el mismo PSOE que había abandonado el marxismo y se había instalado en las mismas políticas que el PP. Otros, ahora veían la oportunidad de actuar y se suman a Podemos. 

Finalmente, Podemos suma los descontentos, los que han renunciado al marxismo, los que que no tienen ni idea de marxismo y los que prefieren pensar con otras versiones del idealismo político (Derechos Humanos) con el único y cada vez más creciente, fundamento del descontento social.
Yo creo, que hemos vuelto al punto donde se distingue dos corrientes fundamentales.
De un lado, los que piensan que el capitalismo se puede reconstruir. Solo hay que sufrir un poco, sacrificar a unos cuantos de pobres e indefensos. Pero confían que se recuperará la economía y mejorará a medio plazo. Introduzca aquí a quien le plazca. Yo pondré a los programas políticos conservadores de la austeridad.

También están los que piensan que hay que reaccionar ante el injusto reparto del sacrificio. Habrá que hacer sacrificios pero aplicando justicia social, será más llevadero. Tarde o temprano volverá a recuperarse el sistema y se habrán salvado "los muebles", los derechos, los servicios públicos, etc.. Yo pongo aquí a los socialdemócratas. Viejos y nuevos.

Pero también hay otro sector que es consciente de que el sistema capitalista tiene los días contados y que es mejor esperar a verlo caer, se acantona en una postura contemplativa, no renuncia a sus principios, se siente segura, imperturbable. Ya vendrán a decirnos que les dirijamos... 

Aunque el sistema capitalista se hundiera, aunque España se convirtiera en una Turkía o México.
Aunque el sistema capitalista flotara en petróleo derramado y en atmósferas flatulentas.

Nada hará cambiar la realidad si no tomamos partido. Porque la historia nos ha enseñado que cuando los imperios han luchado entre sí, las vanguardias de la revolución surgieron de entre los que obedecieron a los generales zaristas hasta que otro poder organizado, paralelo, creó el sistema de mando para dirigir las bayonetas en otra dirección.

Y algo podría decirse del imperio romano y los godos. No fueron las hordas del norte, sino los bárbaros romanizados los que cruzaron el Rhin. 

Nunca sabe uno dónde está el lugar adecuado, pero siempre sabe dónde están los suyos.

Creo que todos debemos reflexionar sobre como abandonar el tacticismo, la cosmética política y la pulcritud ideológica para empezar a profundizar en lo que de verdad nos jugamos y hacia dónde vamos. 



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